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02
Sep
2014

5am

Publicado por Noxa
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Que ganas tengo de abandonar el secreto que mantengo para mi.
Son tan pocas las palabras que me escondo de ti,
dos o tres cositas nada mas, y por ello corro,
Lejos del deseo que dice aun me importa lo irrelevante.
Años luz del pensamiento que abraza la idea sencilla;
aceptando la posible realidad
donde despues ya no digo mas nada. Y quiero dar el salto
hacia donde no se despierta ni un hola por equivocacion,
tampoco un mensaje nacido del aburrimiento.. o una llamada
hecha con el trasero a mi numero, que ya tampoco tienes
porque hace ya un rato que no me sabes casi nada
y yo solo te se como te recuerdo
sin saber si eso existe hoy en esta casi-no-noche..
Podria ser que te vea sin notar que estas ahi

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Normalmente me evitaba, pero una noche se acercó a mi de forma extremadamente cariñosa y yo pensé que me estaba alertando de que me iba a morir igual que hacía ese gato de un hospital de Japón que visitaba a un enfermo en la habitación y al día siguiente el enfermo dejaba de estar enfermo porque se moría. Es una historia un poco rara porque ¿qué hospital iba a dejar un gato suelto por sus pasillos?

La cosa es que yo me acordé de ese gato y pensaba que me iba a morir, pero de momento no lo hice y aquello debía ser amor.

7
02
Sep
2014

Alergia a la alegría

Publicado por Mandarina
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A ti te gustaba decir que eras medio disléxica.

Pero yo sabía que simplemente pensabas tan deprisa, tan deprisa, que al escribir se te atolondraban las letras.

Luego aquel día, después de la bronca, me levanté del sofá y encontré tu nota, en realidad me produce tanta alergia nuestro compromiso, decía.

Había mucho más escrito, pero estornudé, me negué a bailar las letras y entendí lo que me convino.
 

11
02
Sep
2014

Recordatorio II

Publicado por Ferro
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Cuando accedí por fin a la azotea, después de atravesar el garaje, cambiar dos veces de ascensor y saltar la pequeña puerta que custodiaba el final de las escaleras, me invadió, súbitamente, una sensación muy parecida al miedo. Aquella misma tarde, para no ir muy lejos, una ligera crisis de ansiedad se había apoderado de mi en el autobús de vuelta a casa. Había sido la primera (luego vendrían otras). Sin embargo aquella sensación no se parecía en nada, era un miedo racional, casi consentido. Hacía tres o cuatro años que no estaba allí. La última vez, una grisácea y malhumorada tarde de agosto, había sido con Elena. La primera también. Y aunque aquel lugar no había cambiado en absoluto, pues seguía sucio y desordenado, me pareció infinitamente diferente.

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