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A. Tú no estabas
B. Tampoco te quedaste
C. Aun no sé leer
D. Bésame imbécil
E. Te dolían mis abrazos
F. Me gusta cuando me tocas ahí
G. A veces vives tan lejos
H. Pero el incendio
I. Sabes que el tiempo
J. Alcanzamos la cumbre
K. No, no lo recuerdo
L. Solo si me vuelves a chillar
M. Guerra
N. Y culpa
Ñ. Contagio sistémico
O. Lagrangianos en lucha
P. Ya no me quieres
Q. Lamentos de burro herido
R. No entiendo de lágrimas
Ese si que no lo esperaba
Te lo dije
Una vez o quizás mil
Vale, como si nunca hubiera sido
W. Pero sin sentimientos
X. Los sueños del valium
Y. Pero es sólo sexo
Z. Domíname, pero no te vayas

4
22
Dec
2014

Caminando a ciegas

Publicado por jetairliner
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    Él pensaba, tan tranquilo como siempre; bueno, en realidad su serenidad se debía a la droga que estaba consumiendo. Los pensamientos no eran malos, no le atormentaban. A pesar de la pelea que había tenido recientemente, él estaba calmado como una pequeña hoja del escueto monte que yacía bajo su mirada, a pocos metros de distancia, dando a su balcón.

4
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Se pronuncia amor y yo le dije al servé. 
Te toman el sentimiento por tontito y lo van regalando en cajitas cargadas de ilusión, impropia.
Lo pasean por la calle Decepción y se apellida Puta por ser esquina. 
Le gusta tener indigestiones de Valentía para luego Mal-decirse en cualquier alfombra de "Bienvenida".
No llora por cualquiera pero se desahoga en la mediocridad común de un Sí por compromiso y un No por Filofobia.
Aún así no hay noche que no caiga rendida a sus tacones ni pasión que supere el rojo de sus labios. 
Sabe muy bien dónde no ir a encontrar la paz porque una vez la mataron tantas canciones de mierda y teatro. 
La verás moviendo curvas y marcando escote para mecer su dolor y dejar de ser la niña tonta enamoradiza.

2
19
Dec
2014

Mantas

Publicado por Mandarina
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Cuando era pequeño me encantaba verlas en el acuario, camufladas en el fondo entre la arena parda o deslizándose elegantemente entre los demás peces con su falsa sonrisa al descubierto.

Pero con el tiempo, cuando empezaron a llamármelo a mi, les cogí un poco de asco a aquellos peces tan alegres. Para mi madre lo era en los estudios, para mi padre en el trabajo, para Mónica en la cama. Taz vez fuera que ella sólo tenía uno de esos plumas asépticos de Ikea, que dan calor pero no pesan nada.

Porque cuando tú me metiste en tu cama, te me colaste por debajo y me echaste por encima esa manta tuya que pesa un quintal, sentí que ya nunca más sería tal, y que al fin podría volver a ir al acuario.

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